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A PABLO
Qué inmensamente rico
eres Pablo.
Cuánto daría
por tener tu vieja locomotora,
tus mascarones de proa,
tus ángeles y fetiches.
Aquellos interminables
caracoles marinos
de todos los mares
y de todas las costas.
las infinitas botellas
de siderales ciudades.
El gigante zapato
y el monumental caballito
del Temuco de sueños.
Los libros, Pablo,
que ilustraron tus memorias,
los discos,
la guitarra de pino,
las misteriosas cajas de seguridad
donde guardabas el tabaco
de tu pipa ambarina.
El jazmín de Lorca,
la corbata de Nazim Hikmet,
la copa de Sioma Kirnasov,
el cuadro que te regaló Picasso
y el vino chileno
que te obsequiara tu compañero
Salvador Allende.
No quiero tus acciones,
tus premios,
ni títulos, ni tierras;
por otra parte
sé que nunca los has tenido.
Pero sí quisiera
la sonrisa encantada
de tu Matilde,
hecha miel y luna.
Sí quisiera
compartir, Pablo,
el amor de tu pueblo,
el cariño que te tienen
todos los pueblos de la tierra.
Grande y pequeño poeta
hecho de “fuego y humo”,
de carne y vino,
de sal y mar,
de hombres y mujeres
de éste,
nuestro planeta,
al que podemos cambiar.
tomado de poemania 135
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